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Microbiota vaginal, vaginosis y candidiasis

Son crecientes en la clínica las consultas relacionadas con patologías vaginales, que están relacionadas con la pérdida de equilibrio de la flora vaginal. Al conjunto de bacterias, virus, hongos y protozoos que habitan en todo nuestro cuerpo se le denomina microbiota. Esta microbiota interacciona con nuestra fisiología, metabolismo, e inmunidad, por tanto con la salud de la vagina y nuestra salud general, incluido el riesgo de patologías infecciosas o cáncer. El ecosistema microbiano propio de la vagina alberga más de 200 filos bacterianos, cuya mayoría pueden incluirse en cuatro grandes filos: firmicutes, bacteroidetes, actinobacteria y fusobacteria.

Nuestra microbiota es única, varía con la edad y el estado hormonal, siendo diferente en la edad reproductiva que en la menopausia. Es también dinámica, modificándose con nuestros hábitos dietéticos y de higiene, pudiendo cambiar significativamente en unas semanas. Mantener una microbiota saludable y en buenas condiciones es fundamental para prevenir patologías urogenitales como la Vaginosis Bacteriana, Candidiasis Vulvovaginal, y otras infecciones por hongos, así como infecciones de transmisión sexual, del tracto urinario, etc.

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Disbiosis, vaginitis y cándida

Los lactobacillus constituyen el grueso de bacterias que habitan en el interior de una vagina saludable, siendo algunos de sus principales mecanismos conocidos la producción de ácido láctico, que acidifica el pH vaginal manteniéndolo por debajo de 4.5, generando peróxido de hidrógeno, y liberando compuestos antimicrobianos tales como bacteriocinas, que evitan la colonización de organismos perjudiciales. No obstante, distintos estudios sugieren que los efectos en el huésped son específicos de cada especie de lactobacilo. Por ejemplo, L. iners tiene actividad patogénica debido a su capacidad de formación de poros en las células epiteliales vaginales (Macklaim JM. et al 2013, Witkin SS. et al 2013).

Existen microorganismos oportunistas que aprovechan la rotura del equilibrio microbiano para multiplicarse y aumentar la colonización de los tejidos, como Cándida sp., Gardnerella vaginalis o G. mobiluncus. Los síntomas vaginales que se pueden experimentar si se produce una pérdida de equilibrio (disbiosis) incluyen picor, escozor, alteraciones en el flujo, mal olor, dispareunia (dolor en las relaciones sexuales), etc. Dos de las patologías más comunes son la vaginosis bacteriana y la candidiasis vulvo-vaginal. La vaginosis bacteriana sintomática es la forma más frecuente de flujo vaginal anormal y de infección vaginal. La volatilización de las aminas producidas por el metabolismo de las bacterias anaerobias en la vaginosis bacteriana genera un olor descrito como “a pescado”, mientras que el exceso de flujo en la cándida no suele presentar este tipo de cambio en el olor. Entre los factores que pueden propiciar una rotura del equilibrio de la microbiota vaginal podemos encontrar:

Fármacos, xenobióticos, alcohol y tabaco. Es ampliamente conocido el papel de los antibióticos de amplio espectro en la destrucción de la microbiota comensal, pero se suele conocer menos que otros fármacos también producen un efecto anticomensal. Por ejemplo, el consumo de los antidiabéticos como la metformina, los inhibidores de la bomba de protones como el omeprazol, los antiinflamatorios no esteroideos, algunos psicofármacos como antipsicóticos o productos con espermicida se asociaron con cambios en la composición del microbioma. Además, estos fármacos también pueden promover la resistencia a los antimicrobianos como antibióticos y antifúngicos. (Maier, L.et al 2018).

Higiene: las duchas vaginales son una práctica poco higiénica (Schwebke, J. R. et al 2004, Holzman, C. et al 2001). La vagina tiene su propio “sistema de limpieza”, y el lavado dificulta su funcionamiento natural. Las duchas vaginales frecuentes se asocian a un mayor riesgo de enfermedades como infecciones por Chlamydia Trachomatis, trastornos por VHS tipo 2, vaginitis, enfermedades inflamatorias pélvicas, y también reducción de la fecundidad, embarazo ectópico y parto prematuro (Martino, J. L. et al 2002). De forma general por tanto el jabón debe usarse para la zona de las ingles o el monte de venus, pero no deben usarse para limpiar la zona de la vulva, aunque sean jabones “íntimos” o con "ph neutro", dado que el pH vaginal depende en realidad del estado hormonal, de la fase del ciclo en la que se encuentre la mujer, de su edad y de otros factores.

Alimentación: nuestra microbiota vaginal e intestinal están conectadas. Existe evidencia de que una alimentación rica en productos ultraprocesados altera la microbiota, mientras que llevar una alimentación rica en productos frescos vegetales y alimentos de calidad mejora su composición y diversidad, estando asociadas a menor riesgo de vaginosis bacteriana.

Ropa: la ropa interior sintética y la ropa ajustada evitan la transpiración y aumentan la temperatura y el roce, pudiendo causar irritación tanto de la zona externa como inflamación de la interna.

Productos de higiene íntima: la exposición a la humedad urinaria bajo oclusión, como con el uso continuado de salvaslip, compresas o pañales, alteran el equilibrio microbiano. Esto es de suma importancia en mujeres mayores que utilicen pañales o compresas, sobre todo si su contexto es inmunitariamente débil y su salud física está comprometida.

Enfermedad: también se relacionan con disbiosis una mala salud metabólica (sobrepeso, resistencia a la insulina, etc), enfermedades de transmisión sexual y mantener relaciones sin protección, etc.


Conclusión

Muchas mujeres que acuden a consulta con problemas a nivel vulvovaginal tienen el reflejo de lavarse o comprar productos de higiene íntima, fomentando los problemas que hemos indicado antes. Asimismo, en la consulta médica el uso de antibióticos de amplio espectro suele ser la primera línea de tratamiento. Igualmente el alivio suele ser breve y la mayoría de mujeres experimentan recurrencia. Esto implica que deben usarse otro tipo de abordajes para restablecer el equilibrio de la microbiota vaginal, ya que estos problemas tienden a la cronicidad y pueden tener secuelas adversas en la salud del tracto reproductivo femenino.

Macklaim JM, Fernandes AD, Di Bella JM, Hammond JA, Reid G, Gloor GB. Comparative meta-RNA-seq of the vaginal microbiota and differential expression by Lactobacillus iners in health and dysbiosis. Microbiome. 2013;1(1):12.

Witkin SS, Mendes-Soares H, Linhares IM, Jayaram A, Ledger WJ, Forney LJ. Influence of vaginal bacteria and D-and L-lactic acid isomers on vaginal extracellular matrix metalloproteinase inducer: implications for protection against upper genital tract infections. MBio. 2013;4(4):e00460.

Schwebke, J. R., Desmond, R. A., & Oh, M. K. (2004). Predictors of bacterial vaginosis in adolescent women who douche. Sexually transmitted diseases, 31(7), 433–436.

Martino, J. L., & Vermund, S. H. (2002). Vaginal douching: evidence for risks or benefits to women's health. Epidemiologic reviews, 24(2), 109–124.

Holzman, C., Leventhal, J. M., Qiu, H., Jones, N. M., Wang, J., & BV Study Group (2001). Factors linked to bacterial vaginosis in nonpregnant women. American journal of public health, 91(10), 1664–1670.

Maier, L., Pruteanu, M., Kuhn, M., Zeller, G., Telzerow, A., Anderson, E. E., Brochado, A. R., Fernandez, K. C., Dose, H., Mori, H., Patil, K. R., Bork, P., & Typas, A. (2018). Extensive impact of non-antibiotic drugs on human gut bacteria. Nature, 555(7698), 623–628.


Citar como: Fraile M. Microbiota vaginal, vaginosis y candidiasis. ICNS. Accesible en https://www.icns.es/articulo_microbiota-vaginal-vaginosis-y-candidiasis

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