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El propionato, ingrediente de los alimentos ultraprocesados, puede contribuir a mayores casos de autismo.

La prevalencia de trastorno del espectro autista (TEA) ha aumentado de manera alarmante en las últimas dos décadas.
Actualmente, el manejo del TEA se limita a terapias de comportamiento agresivas, enfocadas en aumentar la independencia y reducir sus características principales.
Es necesaria más investigación para comprender la genética y los posibles cofactores ambientales, que pueden desempeñar un papel en el desarrollo del TEA.

Los estudios clínicos emergentes sugieren un posible papel para la disbiosis intestinal en el desarrollo de TEA. Se informó un cambio en el microbioma en individuos autistas en comparación con el de sus compañeros neurotípicos.
Esto incluyó el aumento de bacterias del tipo Clostridia spp ., Bacteriodetes y Desulfovibrio spp.

Se sabe que estos microorganismos son fermentadores activos de carbohidratos y fibras dietéticos que conducen a la producción de subproductos del metabolismo energético como el acetato, el propionato y el butirato.
En circulación, el propinato atraviesa la barrera hematoencefálica para modular los procesos de señalización de múltiples células, incluido el metabolismo energético, la síntesis y liberación de neurotransmisores y el metabolismo de los lípidos, llegando a poder ser tóxico. Se ha informado niveles elevados de propionato en TEA.

Se analizaron células madre neurales humanas expuestas a altos niveles de propinado (muy utilizado como conservante) que se encuentra comúnmente en los alimentos procesados.
Descubrieron que daña a las células ya que reduce el número de neuronas y sobreestimula la formación de células gliales, que acaban alterando la conectividad entre neuronas e inflamación. Esto termina afectando a la capacidad del cerebro para comunicarse lo que da como resultado comportamientos que a menudo se encuentran en niños con autismo, incluidos comportamientos repetitivos, problemas de movilidad e incapacidad para interactuar con otros.

Los investigadores concluyen que a través de la alimentación, aumenta la producción de propionato en la madre y acaba pasando al feto.

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