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Adolescentes que saben cocinar, adultos que comen mejor.

Un estudio longitudinal con participantes entre 18-23 años y recopilación de resultados a los 10 años, con edades entre 30-35 años, demostró que aquellos que tenían habilidades culinarias predijeron múltiples indicadores nutricionales en edades posteriores.

Aprender a cocinar en la juventud se tradujo en comer más porciones de verduras, frutas, granos integrales y menos comida rápida en la edad adulta. Además de mayor cantidad de comidas compartidas en familia.

El desarrollo de habilidades de cocina puede tener beneficios a largo plazo para la nutrición, más de una década después. Estos resultados arrojaron mejores indicadores de salud que en aquellos que no sabían cocinar. Es importante considerar la educación al respecto en nuestros jóvenes.

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