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Ivan Illich: La Sociedad Desescolarizada

Las escuelas "enseñan la necesidad de ser enseñado". Si bien el libro de Illich ya tiene una edad (más de 50 años), y a pesar de que es evidente que está escrito en otra realidad histórica, la cuestión de fondo que expone Illich no puede ser más actual. Cualquier profesor observa esta consecuencia a diario, no ya entre jóvenes, sino entre adultos egresados de los estudios universitarios más lustrosos de nuestra sociedad.

Para Illich, el conocimiento de las personas mejoraría con la desescolarización, como la salud de la población mejoraría con la desmedicalización (Némesis Médica, obra que asombra, en particular al lector familiarizado con la literatura científica en salud pública y prevención cuaternaria en medicina). Illich hablaba de currículum oculto, refiriéndose a la motivación oculta de la educación, que es la institucionalización del pensamiento y de la conducta. Así, las escuelas enseñan ante todo a ser dependiente de las instituciones, y al proceso dirigido de enseñanza que “hace sospechoso el logro independiente”. Las escuelas reproducen la sociedad de consumo, y una vez que se acepta mitológicamente la necesidad de la escuela desde la más tierna infancia, el individuo alienado es presa fácil de otras instituciones.

“La escalada de escuelas es tan destructiva como la de las armas”. Existe un currículo totalizante, denuncia Illich, indiferente a la realidad de las diferentes comunidades y culturas. Esta burocratización curricular destruye las comunidades y las culturas, al expropiar la capacidad de las personas de organizarse activamente según su forma de vivir. La burocratización educativa produce un sistema de castas entre países en el cual los paises pobres son inferiores simplemente por la menor escolaridad institucional. Del mismo modo, las burocracias del bienestar social destruyen la participación activa de las personas en las comunidades. La educación pierde el sentido del saber y la participación activa en la comunidad y la cultura propia, y se transforma en un producto de mera cuantificación. Al igual que sucede con la educación, la pobreza es convertida en un fenómeno positivista, se institucionaliza, y se convierte en un objeto burocrático. La pobreza una vez burocratizada se hace refractaria al dinero, el cual nunca es suficiente para que dicha institucionalización de la pobreza deje de autoperpetuarse, creando además dependencia institucional en la comunidad. Los profesionales del Estado sirven al control social, perpetuando los problemas a través del proceso de institucionalización. El concepto de bienestar que diseminan las burocracias occidentales es otro producto usado a modo de propaganda para legitimar el proceso institucionalizador. El bienestar se institucionaliza, y la propia institucionalización suplanta al bienestar, destruyendo el propio bienestar de las comunidades, del mismo modo que la institucionalización de la educación suplanta el saber, y la medicina la salud.

Illich cree necesaria la separación de Estado y educación. Como Foucault, Illich considera que los educadores son ante todo vigilantes, y la escuela sobre todo es un proceso de adoctrinamiento, selección y custodia: “la escuela se ha convertido en un lugar de confinamiento”. Illich ya vislumbraba la creciente medicalización desde la escuela "el profesor como terapeuta se siente autorizado para inmiscuirse en la vida privada de su alumno". Hoy los educadores se han convertido prácticamente en diagnosticadores de niños, sin duda contribuyendo a la escalada de sobrediagnóstico en salud mental, fenómeno ampliamente reconocido incluso por los directores del manual diagnóstico DSM (por ejemplo Frances). Las escuelas han dejado de ser independientes de la ideología de gobiernos y grandes corporaciones. Illich habla del "mito de que las burocracias guiadas por el conocimiento científico son eficientes y benevolentes, el mito de que la mayor producción proporcionará una vida mejor". Similar a la tesis de Foucault, Illich ve en el proceso de institucionalización la verdadera ideología de nuestros sistemas políticos. Y esto es así independientemente de quién gobierne. Con nuestra institucionalización, la libertad de las personas y comunidades se reduce crecientemente a la elección de productos de consumo envasados.

Es visible que en el sistema educativo existe un problema de insatisfacción, en el que padres, maestros y alumnos suelen culpar a la falta de dinero, la mayor necesidad de edificios de institucionalización, mayor necesidad de educadores, etc. Como exponía Illich, cuando se institucionalizan las cosas, el dinero nunca es suficiente para solucionar problemas. Probablemente porque interesa perpetuar muchos de los problemas que el político dice querer resolver.

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