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La obesidad se asocia con peor salud mental, especialmente en mujeres.

Existe una relación entre la obesidad y la salud mental. Esta relación es bidireccional, lo que implica que las personas con trastornos de salud mental tienen una mayor prevalencia de obesidad, y una dirección causal opuesta, las personas con obesidad tienden a desarrollar trastornos psicológicos. Por un lado, las personas con sobrepeso tienden a experimentar una peor salud física (mayor fatiga, peor descanso nocturno, etc), lo que aumenta la vulnerabilidad a experimentar un peor estado de ánimo. Adicionalmente, las personas con sobrepeso pueden enfrentarse a desafíos relacionados con su autoimagen y autoestima, lo que aumenta la vulnerabilidad por mecanismos psicosociales. También existe el mecanismo causal opuesto, y quienes experimentan problemas de salud mental, a menudo descuidan su alimentación y salud, lo que puede conducir a un aumento de peso. Por otro lado, hay investigaciones que revelan una posible conexión neurobiológica entre la obesidad y los trastornos de estado de ánimo. Esto es intuitivo, dado que evolutivamente el hambre requiere de procesos asociados que incentiven la conducta de búsqueda de alimento por un lado (aumentar el arousal, produciendo estados afectivos negativos, etc), y por otro lado los neurotransmisores no tienen funciones específicas, sino que como sucede con las hormonas, tienen efectos múltiples y participan tanto en la regulación del hambre como en el estado de ánimo a la vez. Por tanto existen distintos planos que se retroalimentan, generando una mayor inercia a experimentar problemas de salud mental.

Un estudio reciente (Lonergan et al 2024) profundizó en esta relación, centrándose específicamente en la depresión y el bienestar psicológico en adultos de mediana edad y mayores. Para ello, entre mayo de 2010 y abril de 2011, se reclutaron a 1821 adultos, entre 46 y 73 años, en el centro de atención primaria Living Health Clinic en Irlanda. Durante la visita a la clínica, se tomaron medidas antropométricas y muestras de sangre para evaluar los niveles de glucosa y hemoglobina glicosilada. Además, se recopilaron datos sobre la salud mental de los participantes mediante escalas estandarizadas, y se evaluaron variables demográficas, comportamientos de estilo de vida y morbilidad a través de cuestionarios específicos. Los resultados revelaron asociaciones significativas entre medidas de adiposidad, como el índice de masa corporal (IMC) y la relación cintura-altura, y la salud psicológica, particularmente en términos de depresión y la experiencia general de bienestar psicológico. Estas asociaciones persistieron incluso después de ajustar factores demográficos, estilo de vida y condiciones de enfermedad, indicando una relación entre adiposidad y salud mental independiente de otros factores y variables de confusión importantes. Específicamente, se encontró que las mujeres mostraban una asociación más fuerte entre obesidad y depresión, con síntomas más severos y un menor bienestar psicológico. También se encontró en estas personas una menor propensión a realizar ejercicio físico. Además, aquellos con una dieta de baja calidad mostraron niveles más altos de síntomas depresivos.

Este estudio subraya la naturaleza bidireccional de la relación entre la obesidad y la salud mental: los problemas de salud mental pueden conducir al sobrepeso y la obesidad, y viceversa; el sobrepeso y la obesidad pueden conducir a una peor salud mental.
Referencias:
Lonergan C, Millar SR, Kabir Z. Associations between adiposity measures and depression and well-being scores: A cross-sectional analysis of middle- to older-aged adults. PLoS One. 2024 Mar 6;19(3):e0299029. doi: 10.1371/journal.pone PLOS ONE (2024). DOI: 10.1371/journal.pone.0299029

* Las noticias publicadas sobre estudios no suponen un posicionamiento oficial de ICNS, ni una recomendación clínica.
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