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¿Qué es el hambre?

Cuando pregunto ¿qué es el hambre?, nunca he encontrado una respuesta que muestre una comprensión cercana a lo que sucede en el cuerpo. La mayor parte de las respuestas que recibo es "sensación", y aquello de lo real y lo emocional. El impacto de las redes sociales en las profesiones sanitarias ha sido francamente negativo.

Si tuviéramos que dar una definición, podríamos decir que el hambre es un proceso de construcción e integración que se produce en distintos niveles del sistema nervioso, generando respuestas que implican sensibilización, condicionamiento y neuroadaptaciones: en el tono orexigénico, en la representación sensorial, en la sensibilidad a la recompensa, en las respuestas efectoras viscerales, en respuestas procedimentales automatizadas que sensibilizan la conducta alimentaria, en sistemas afectivos, mnésicos, en señales neuroendocrinas sujetas a aprendizaje, en el mapeo de estados corporales a nivel interoceptivo y somatosensitivo, en el control neurocognitivo, en el arousal psicomotor... por tanto el hambre es un proceso no solo cuantitativo (más o menos hambre), sino cualitativo y dinámico, construido durante toda la ontogenia individual, manteniendo una relación de neurotensegridad entre sistemas. Cada persona tiene una experiencia de hambre distinta, en algunos casos altamente aversiva, dando lugar a un estado compulsivo.

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Podríamos hablar de "hambre circadiana", "hambre exteroceptiva" (motivada por señales externas), "hambre interoceptiva" (motivada por señales internas, ej "viscerosensitivas"), "hambre compulsiva", "hambre procedimental" (operante), "hambre hedónica anticipatoria (deseo)", "hambre hedónica consumatoria (placer)", "hambre emocional", "hambre  asociativa" (pauloviana), "hambre impulsiva", "hambre social"... pero en realidad no son  elementos aislados, sino que construyen una cualidad en la  experiencia de hambre única en cada persona, e incluso en distintos contextos, y en cada persona tienen mayor peso unos elementos u otros.

El núcleo del tracto solitario (NTS) parece ser el nivel más bajo y el más esencial, dado que modelos animales descerebrados a nivel del troncoencéfalo conservan buena parte de la conducta de ingesta ajustada al gasto. En el hipotálamo hay diversos núcleos más que los propuestos inicialmente en la clásica división lateral/ medial (las técnicas electrolíticas más antiguas rompen muchas fibras de paso entre núcleos). Estas señales se integran con otras funciones mnésicas (cortezas temporales, hipocampo) y que añaden valencia afectiva (estría terminal, amígdala). Conocemos el efecto divergente del estrés en el hambre, a algunas personas les aumenta el apetito, a otra se les inhibe. Esto no es meramente un artefacto mental o emocional en un sentido mentalista, sino una cascada de procesos psicobiológicos que integran aspectos cognitivos, afectivos, viscerosensitivos, endocrinos, somatosensitivos, etc.  

Condicionamiento y automatización: el procesamiento neurológico depende ampliamente de estructuras subcorticales como ganglios basales, dado que la señal de hambre no solo debe generar un estado consciente, sino que debe transformarse en conductas, estas deben aprenderse, deben memorizarse los estímulos y las señales que indican disponibilidad de alimentos (exteroceptivas, interoceptivas...), debe automatizarse a nivel de procedimientos, etc. A este nivel encontramos la generación de procedimientos operantes, integrándose con las señales afectivas que aumentan el tono neurológico a medida que aumenta el refuerzo negativo, generando automatismos que quedan estructurados dependiendo directamente de estímulos. Por ejemplo, las señales digestivas aprenden los horarios en los que comemos y se inician simplemente por llegar la hora del día a la que solemos comer. Si hacemos 5 o 6 comidas, automatizamos 5 o 6 veces la hora de comer a nivel procedimental, y creamos 5 o 6 memorias asociativas de comida y placer/alivio de la ansiedad. Ojo con esto.

La saliencia del incentivo en el estriado ventral genera tono hedónico, construyendo el incentivo, a nivel filogenético valor para la supervivencia, que será procesado a nivel superior a nivel de cortezas ventromediales y orbitofrontales.

Un nivel poco conocido en la percepción de hambre y en la conducta alimentaria es la integración ventromedial, el mapeo de estados corporales mediante cortezas somatosensitivas, ínsula, emociones y sentimientos (corteza ventromedial), oportunidades y valoración de costes/beneficios y recompensas (corteza orbitofrontal), y finalmente existe una integración y valoración ejecutiva en la corteza prefrontal.

Aprendizaje de señales: una buena parte de lo que llamamos hambre y desde luego de la conducta alimentaria es la saliencia exteroceptiva que genera la activación de las cortezas sensoriales. La industria alimentaria intenta que la conducta de los consumidores esté más regulada por señales externas ambientales (reclamos, recuerdo de marca, envases con colores, anuncios de TV, canciones divertidas que memorizamos) que por las señales internas de la regulación del hambre.

Rasgos neurocognitivos. Las diferentes características ejecutivas y neurocognitivas construyen la experiencia consciente del hambre, y la conducta alimentaria, en conjunto con las distintas respuestas a estímulos del sistema nervioso. De hecho es uno de los aspectos más importantes en la conducta alimentaria, incluidos los trastornos de la conducta alimentaria. Es más, los rasgos neurocognitivos son el aspecto más importante predictor de la obesidad y del éxito dietético, por lo que su conocimiento es un aspecto fundamental.

Por tanto, existe un estado de influencia recíproca de la homeostasis con recompensa, contexto, cognición, memorias, procedimientos, aprendizajes, emociones, estados corporales, etc., y no se puede disociar lo fisiológico de la recompensa, dado que la activación de la recompensa es funcional según el estado fisiológico.

Podríamos sumar aspectos de aprendizaje vicario y aprendizaje social que median algunos de los procesos de condicionamiento finales.

Pensar que la regulación del hambre y de la conducta alimentaria es cuestión de "educación nutricional" es reducir el sistema nervioso a lo semántico, confundir lo neurológico con lo verbal, y pensar que el aprendizaje sucede en el pensamiento. La literatura científica muestra que lo que pensamos y lo que hacemos son procesos diferentes. Decir obviedades a un paciente sobre "alimentos sanos" no es trabajar adecuadamente los problemas de conducta alimentaria. Se confunde groseramente educación y aprendizaje, que finalmente son neuroadaptaciones que construyen procesos excitatorios o inhibitorios sobre la actividad neuronal que no se solucionan con lenguaje desde semejante ingenuidad llamada "educación nutricional". El fallo en comprender la conducta alimentaria puede ser uno de los aspectos por los cuales la literatura científica muestra que la nutrición falla en mantener la pérdida de peso inicial pasados unos meses.

Citar como: Bordallo. A. ¿Qué es el hambre?. ICNS. Accesible en https://www.icns.es/articulo_que-es-el-hambre

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