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Jürgen Habermas, Ciencia y técnica como ideología

Jürgen Habermas (1929) es el último exponente de la Escuela de Frankfurt, y en Ciencia y técnica como ideología responde a la obra de Marcuse El hombre unidimensional.

Comienza Habermas con el concepto weberiano de racionalización. Dado que la racionalización se dirige a fines, suprime muchos medios de la convivencia social para imponer una sociedad tecnocrática. Los criterios de acción instrumental penetran en todas las esferas de la vida instrumentalizándolas, como en la comunicación humana (en su mayor parte tecnológica a día de hoy), como en las relaciones humanas a nivel laboral, cultural, etc. La racionalización implica finalmente una planificación instrumental, técnica, que transforma a las instituciones pero sobre todo la consciencia de las personas sobre ellas mismas y sobre la vida. Marcuse veía en este proceso un evidente dominio político en nombre de la racionalidad tanto productiva en sentido capitalista, como burocrática en sentido estatal. Ambos caminos conducen al dominio social. La institucionalización de esta forma de dominio se sistematiza, y por tanto las personas no tienen consciencia porque es la "normalidad" tecnificada de la vida social cotidiana. La técnica para Marcuse no es una herramienta, es la propia ideología de dominio, científico, metódico, calculado, calculante. La técnica es el establecimiento de un proyecto histórico-social, se proyecta y pretende un tipo de sociedad y un tipo de dominio político de la misma, que es material, formando la razón técnica.

Existe un sometimiento progresivo de las personas al inmenso aparato técnico de producción. El dominio apela exactamente a la productividad. Si existe alguna crítica, es precisamente enmarcada dentro de la propia racionalidad, y será sometida a correcciones de su operativa. Incluso un cambio revolucionario afectaría al marco institucional, pero se asentaría sobre el mismo sistema de procedimiento técnico. Lo científico que permite una dominación más eficiente de la naturaleza es lo que permite una dominación más eficiente también de las personas. Parece como si Marcuse hablara de nuestros años. La técnica además penetra en la cultura y la comunicacion social engulléndolas. Es visible como la propia cultura y la comunicación se tecnifica tanto en sus procesos como en los contenidos. Se legaliza el dominio por razón técnica, se instrumentaliza la razón y la propia vida, conduciendo a las sociedades a un autoritarismo de base racional-científico. "Si la técnica se convierte en la forma global de producción material, define entonces a toda una cultura y proyecta una totalidad histórica, un mundo".

Para Habermas, investigación y técnica están relacionados con la economía, con la acción política, con los intereses de unos grupos sobre otros, y con la administración, y todos ellos se retroalimentan mutuamente. Se pregunta por la relación entre técnica y democracia, para él, una forma institucionalizada de comunicación de comunicación general y pública que se ocupa de las cuestiones prácticas. Para Habermas, la sociedad tradicional se define por mantener la racionalidad técnica dentro de unos límites que no pongan en peligro la legitimación del todo social derivado del ethos tradicional de dicha sociedad, lo que implica las interacciones entre la población, acervo cultural y saber acumulado, así como las estructuras simbólicas que generan una cosmovisión general de la vida. La sociedad moderna contrariamente se caracteriza por permitir que el sistema de racionalidad técnica cambie mediante la producción la forma tradicional de legitimación y convivencia simbólicamente mediadas mediante distintos procesos históricos, culturales, comunicativos, etc. En su crítica al marxismo, cuando la idea de justo intercambio se desmorona y el SXX muestra que el dominio puede ser preestatalmente organizado y estatalmente institucionalizado, la legitimación del dominio no puede ser trasladada ya fuera de lo político, a las diferencias de clase en las relaciones de producción. Igualmente, el valor trabajo no se ajusta bien a Estados en los que ciencia y técnica se convierten en la primera fuerza productiva, política, y de revalorización del capital mediante aumentos de productividad, en la competitividad por la producción y la competición global el dominio.

Los problemas de la intervención científica a través de la técnica se transforman en otros tantos problemas por resolver de la vida, pues la técnica debe interpretarse en un marco de acción social, existen intereses que unos grupos imponen a otros. La ciencia como práctica no es un hecho objetivo ni autoevidente en cuanto no dispensa a la sociedad de tomar decisiones. Aunque evidentemente los productores de técnicas de los burócratas de Estado y oligarquías industriales que controlan a la sociedad intentan vender esta cosmovisión tecnocrática como verdad objetiva. Lo científico, nos dice Habermas, se utiliza como recurso propagandístico para la legitimación del dominio de la tecnocracia, ocultando las relaciones de poder del análisis y de la consciencia pública.

"El rendimiento peculiar de esta ideología consiste en que disocia la autocomprensión de la sociedad del sistema"

Así, la consciencia de las personas y su autocomprensión deja de ser culturalmente determinada por el mundo social de la vida, y es sustituida por una autocosificación bajo las categorías de acción racional. La propia política se orienta sencillamente a la resolución de problemas técnicos por la vía negativa, y la intervención del Estado se reduce a asegurar el asentimiento de la masa de la población mediante la garantía de cierto bienestar material, a su vez consolidando el sistema. El sistema ha creado una política de compensaciones que asegura la lealtad de las masas, dependientes del trabajo o del sistema. La acción estatal es reducida a la mera gestión de una parte de la producción material, por tanto despolitizada. Dicho de otra manera, las personas entregan la dirección política y la consciencia sobre las cuestiones de la vida a a cambio de una parte de la producción. Tanto con las compensaciones, como con el control de los medios de comunicación de masas (hoy redes sociales), se oculta exitosamente la ideología tecnocrática subyacente, y la diseminación de la ética de la productividad, la interacción social del intercambio productivo, el éxito profesional, el consumo, la riqueza, el éxito, la fama, etc. Nos dice Habermas que no existe ética personal en la formación científica, el espacio es la estructura política que orienta las acciones. La imposición tecnocrática a la sociedad exige una reflexión social que no existe, dado que las personas no tienen consciencia de ello en primer lugar. Habermas muestra las diferencias entre el mundo que vivimos, los fenómenos dados tal como se recoge en la literatura, y el mundo mecánico que recoge la ciencia, de estructuras y regularidades cuantificadas. Cita Habermas a Huxley en otros escritos, quien contrapone el mundo social de la vida al universo mecanicista amundano:

"El mundo al que se refiere la literatura es el mundo en que los hombres son engendrados,en el que viven y en el que, al fin, mueren; el mundo en el que aman y odian, en el que triunfan o se les humilla, en el que se desesperan o dan vuelos a sus esperanzas, el mundo de las penas y las alegrías, de la locura y del sentido común, de la estupidez, la hipocresía y la sabiduría..."

Científicos y tecnólogos obtienen en su conocimiento no solo conocimiento, sino también poder para dirigir y cambiar el mundo, imponerlo, sin que la sociedad tenga consciencia alguna de donde se les dirige. Se oponen las vidas crecientemente biotecnificadas y mecanizadas, a las cualidades de vivir la vida, no mecanizables por el patrón tecnocientífico. La consciencia y la autorreflexión de la sociedad han adoptado la forma de informaciones científicas y tecnologías que dirigen la acción social, que ya no es orientada por sistemas de valores sino por la racionalización de procesos. Habla Habermas sobre como las ciencias ya no son una formación individual, sino que forma parte de una esfera políticamente relevante, de lo que va a traducirse en uso técnico, dentro de una cosmovisión general de nuestro mundo, vida y consciencia. Una base científica de la medicina implica no solo una acción empírica sino una teoría de la acción orientada al poder y dominio técnico, no solo reducido a lo médico, sino vinculado a la producción y la administración de la sociedad transformada por medios técnicos y científicos.

Existe un discurso de "la ciencia" como algo neutro, objetivo, y carente de intención política. Esta visión ignorante es el resultado de haber suprimido la filosofía de la enseñanza médica y científica. Algo que, insisto siempre, no ha sido inocente ni casual. Habermas entiende bien la problemática del dominio técnico, pero el planteamiento de una solución mediante una acción política derivada de un supuesto diálogo colectivo libre de presiones que argumenta es ingenuo. Para esto debería existir una libre consciencia, algo imposible dado que la cosmovisión de las personas reproduce la estructura procedimental y discursiva generada por las estructuras que producen la técnica y la tecnología, y lo racionalizan a la sociedad mediante discursos científicos con los que atropellan la consciencia de las personas, el derecho, y la vida. Habermas pide una estructura simbólicamente mediada y no una mera racionalidad de procesos técnicos respecto a fines. La autoridad del Estado autoritario se ejerce sencillamente mediante la coacción de la administración técnico-operativa, creando una aparente libertad subjetiva al ser sustituidas las normas de la acción comunicativa por la simple norma de cumplimiento con lo operativo para mentener el sistema. En superyo es convertido en máquina.

"...la técnica surge de la ciencia, y al hablar así me refiero a la técnica del influenciamiento del comportamiento humano no menos que a la de la dominación de la naturaleza".

De fondo tenemos un conflicto entre el marco institucional y las fuerzas productivas, para Habermas mediado por la acción comunicativa y sus múltiples determinantes (históricos, culturales, etc). Sin embargo, dado que las fuerzas productivas, la técnica y la tecnología, son cada vez más potentes, no puede suceder otra cosa que un aumento del poder científico, técnico y tecnológico a costa del derecho, ley, usos sociales, cultura, comunicación, relaciones humanas, política, etc, los cuales son progresivamente debilitados y sometidos al sistema de procesos técnicos burocratizados. La tecnocracia se mitologiza y sacraliza a sí misma, transformándose en substancia trascendente "la ciencia", para tapar el programa de dominio de la técnica. "La ciencia" no puede decirnos como debemos vivir, es una decisión que competería a una sociedad libre, que necesariamente surge de personas conscientes. Ninguna de las dos cosas existe en nuestras sociedades. Disfruten de lo que viene.

"La acción racional con respecto a fines queda progresivamente disociada del sustrato del organismo humano, y queda proyectado a nivel de las máquinas, entonces esa intención que alimenta la tecnocracia puede ser considerada como la última etapa de esa evolución. Podría acabar integrado a su propio aparato técnico como homo fabricatus". Jürgen Habermas.

Citar como: Bordallo. A. Revisión de Ciencia y técnica como ideología, de Jürgen Habermas. ICNS. Accesible en https://www.icns.es/articulo_jurgen-habermas-ciencia-y-tecnica-como-ideologia

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